Saltar al contenido
Tienda de Unicornios Online

fue difícil al principio, pero ha debido la pena

8 septiembre, 2023

Tengo tres hijos, y entre ellos hay diferencias de antigüedad muy dispares. El veterano se lleva seis primaveras con el último, mientras que la mediana y el pequeño solo tienen una diferencia de 18 meses. ¿Qué es mejor – me pregunta la parentela – que los hermanos se lleven varios primaveras o todo lo contrario?

Me gustaría compartir mi experiencia criando a mis dos hijos pequeños; qué ventajas acercamiento a esta mínima diferencia de antigüedad y asimismo qué inconvenientes. Pero os adelantaré poco: si tuviera que definirlo en una única frase diría que «fue difícil al principio, pero ahora sé que tanto esfuerzo ha debido mucho la pena».


Una bebé que dejó de serlo demasiado pronto

crianza

Imagen personal | IG @silviadj

Una de las cosas que tenía claro que haría cuando nació mi segunda hija, fue disfrutar más de su etapa de bebé, y no desear que el tiempo pasara deprisa, como me ocurrió con mi primer hijo. Y es que, como raíz primeriza que era, estaba emocionada con ver a mi bebé crecer y alcanzar hitos, y cada escalón que subía lo celebraba ansiando otro paso más.

Por eso, desde el primer momento en que sostuve a mi segunda hija en brazos, juré que viviría a tope aquellos primeros meses, y lo cierto es que lo hice. ¡Vaya si lo hice!

Mi pupila arcoiris fue un bebé muy deseado, que caldo a traernos luz luego de un tiempo de tormenta. Su arribada al mundo fue maravillosa, mi hijo veterano acogió a su hermana con gran emoción y todos disfrutamos enormemente de la nueva estructura descendiente.

Los meses pasaron rápida pero intensamente, entre colecho, porteo, muchos brazos y mucha teta. Dormía y despertaba con mi bebita sobre el pecho, y sus imborrables sonrisas llenaban nuestras vidas de una contento indescriptible.

Ventajas y desventajas de que los hermanos se lleven varios años de diferencia: mi experiencia

Pero el deseo de tener una comunidad numerosa me rondaba continuamente. Ya soñaba con ello incluso ayer de convertirme en raíz por primera vez, así que en esos momentos en los que mi oxitocina estaba por las nubes, la idea cobró más fuerza que nunca.

Y así fue como celebramos el primer cumpleaños de mi hija con el anuncio de un nuevo dificultad. Sobre la mesa, una tarta con una única velita. Sobre mis rodillas, una bebé que aún no había comenzado a dar sus primeros pasos. En mi interior, una nueva vida que se abría paso entre una mezcla de emoción, alegría, dudas y miedo. Mucho miedo.

Las siete cosas de la maternidad que no son tal y como me las contaron

Unos primeros meses caóticos

Hermanos2

Imagen personal | IG (@silviadj)

Tras el principio de mi tercer bebé comenzó una etapa harto caótica, que en carencia se parecía a lo vivido hacía poco más de un año con mi segunda hija. Ahora debía ocuparme de un recién nacido sin dejar de atender a mi bebita de año y medio, y todo ello envuelto en una serie de circunstancias personales que lo complicaban todo un poco más (comunidad allí, anemia postparto, un permiso de paternidad demasiado escaso…).

Hubo momentos de absoluta paranoia, en los que sentí que me había precipitado no dejando suceder más tiempo entre embarazos. Escuchar a mis dos bebés gimotear y no asimilar a quien atender primero me martirizaba. Por su parte, mi hija demandaba su espacio, sus brazos, su rato de porteo y su «momento siesta» sobre mi pecho.

¡Pero qué difícil era poder atender a los dos por igual! ¡Qué complicado me resultaba atender la amamantamiento a demanda de mi recién nacido y los juegos incansables de mi hija de 18 meses!

Llegaba al final del día agotada, e incluso alguna vez me sentí frustrada por no favor sabido organizarme de otro modo con el fin de favor abarcado más. La carga mental de las madres… ¡cuánto daño hace!

Y de repente un día… todo cambió

Person12

Imagen personal | IG (@silviadj)

No reminiscencia cuánto tiempo duró exactamente esta etapa caótica. Quizá fueron tres o cuatro meses, pero lo cierto es que un día, de pronto, todo cambió.

Mi bebé comenzó a pernoctar varias horas seguidas, la amamantamiento se instauró y mi hija entendió el papel que jugaba ahora en la comunidad: era la hermana veterano del bebé, y él, allí de ser su enemigo, era alguno a quien cuidar, cortejar y con el que poner. ¡Y a partir de aquel momento las cosas empezaron a fluir y todo se volvió extremadamente ligera!

Carta a mi tercer hijo, el bebé que nunca estrenó ropa y que tanto ha venido a enseñarme

Aunque durante esa etapa uno y otro parecían ser «uña y carne», no fue hasta que mi bebé cumplió su primer año cuando se igualaron a todos los niveles. Su compenetración y conexión era tal, que la parentela les confundía con hermanos mellizos. No sabían estar el uno sin el otro, se buscaban, se llamaban, y solo con estar juntos ya les bastaba.

Hoy, mis dos hijos pequeños tienen cuatro y cinco primaveras y medio, y su relación continúa siendo igual o más intensa si junto a. Es maravilloso verles crecer juntos, apoyarse en todo momento y entenderse con solo mirarse a los luceros.

Así que cuando les veo durmiendo abrazados, consolándose el uno al otro o jugando sin tregua, sé que aquellos primeros y duros momentos merecieron la pena. Porque a veces el camino no comienza siendo ligera, pero el esfuerzo auténtico acaba compensando con creces lo que viene luego.